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Científica Divulgación

¿Camuflar los rasgos autistas aumenta el estrés?

  • Un estudio del CiMUS de la USC y el IDIS muestra que el camuflaje de rasgos autistas se asocia con mayor estrés psicológico y biológico.
    A diferencia de estudios anteriores, centrados principalmente en cuestionarios, esta investigación publicada en la revista Molecular Autism incorpora por primera vez biomarcadores para evaluar el impacto fisiológico del camuflaje, utilizando la concentración de cortisol en el cabello como indicador objetivo del estrés acumulado.

     Esconder los rasgos autistas en situaciones sociales puede tener un coste mayor del que se pensaba para la salud. Un estudio liderado desde el CiMUS de la USC a través del grupo Genomics and Bioinformatics y el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago de Compostela (IDIS), en colaboración con el Karolinska Institutet de Suecia, ha revelado que estas estrategias se asocian con marcadores de estrés psicológico y biológico, aportando una nueva perspectiva sobre cómo afecta el camuflaje a la salud de las personas autistas.
    “Este es el primer trabajo que ha logrado hallar evidencias de que el camuflaje de rasgos autistas puede actuar como estresor crónico, influyendo en el eje HPA (hipotálamo-hipofisario-adrenal, que es el principal sistema de respuesta del cuerpo al estrés, que involucra al hipotálamo, la hipófisis y las glándulas suprarrenales), lo que provoca una elevación del cortisol acumulado. Esta investigación aporta, por tanto, información clave para comprender mejor el burnout autista, un fenómeno cada vez más extendido, la salud mental y para detectar perfiles de riesgo”, explica la investigadora del CiMUS y coautora del estudio, Sabela Conde-Pumpido Zubizarreta.
     

    Un estudio con 315 personas gemelas participantes
    El trabajo analizó 157 parejas de gemelos de la cohorte sueca RATSS (Roots of Autism and ADHD Twin Study in Sweden), entre las cuales 69 participantes eran personas autistas sin discapacidad intelectual.
    A diferencia de estudios anteriores, basados principalmente en cuestionarios, esta investigación incorporó un biomarcador objetivo: la concentración de cortisol en el cabello, un marcador de estrés a largo plazo, que refleja el estrés acumulado durante aproximadamente cinco meses. Esta aproximación permitió obtener una imagen más objetiva sobre el impacto del camuflaje en el organismo.
    Los resultados mostraron que, a nivel general, las personas que utilizaban con más frecuencia estrategias de camuflaje tendían a presentar mayores niveles de cortisol acumulado. En el caso de las personas adultas, el camuflaje se asoció tanto con síntomas relacionados con el estrés psicológico como con niveles elevados de cortisol, lo que subraya el impacto de estas estrategias en la vida adulta.
    La genética, factor clave
    El estudio pudo examinar, gracias a la muestra de personas gemelas, el papel de los factores genéticos y el ambiente familiar en esta relación. Los resultados indican que estos factores contribuyen de manera importante a cómo se vinculan camuflaje y estrés.
    “Pero el hallazgo más llamativo llegó al controlar precisamente esos factores familiares y genéticos: en las parejas en las que ambas personas eran autistas y en las parejas adultas, un camuflaje más intenso se asoció con niveles más bajos de cortisol acumulado. Una posible explicación es que el uso continuado del camuflaje fatigue el sistema neuroendocrino, reduciendo la capacidad del organismo para producir cortisol de forma sostenida”, comenta Conde-Pumpido Zubizarreta.