Talento, estrategia y futuro científico: la voz de los centros distinguidos Severo Ochoa y María de Maeztu
Las entrevistas a seis directores y directoras de diferentes centros que han obtenido las distinciones de excelencia Severo Ochoa o María de Maeztu en los últimos años revela un mensaje común: el galardón ha transformado su manera de hacer ciencia. Coinciden en que estos reconocimientos han reforzado la visibilidad internacional, la captación de talento y la capacidad de liderar proyectos competitivos de alto riesgo. La financiación asociada ha permitido profesionalizar la gestión, crear infraestructuras compartidas, impulsar programas de formación y fomentar la transferencia al tejido productivo. Más allá del prestigio reconocido, los responsables del Centro Nacional de Biotecnología, el Instituto de Neurociencias de la UB, el Centro de Regulación Genómica, el Instituto de Neurociencias de Alicante, el Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas y el Centro Singular de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas reconocen que estas acreditaciones han consolidado ecosistemas científicos estables, multidisciplinares y orientados a retos globales. Todo ello ha situado a sus centros como referentes del sistema español de I+D.
Mario Mellado, director del Centro Nacional de Biotecnología (CNB)

Desde 2013, el CNB ha renovado la acreditación Severo Ochoa en 2017 y 2021 y se ha consolidado como uno de los centros más estables en este programa. ¿Qué factores de gestión interna han permitido mantener esa excelencia?
No puede explicarse por un único elemento, sino por una combinación de factores. Uno de los más relevantes es que el CNB ha contado con estructuras de gestión y dirección bien definidas y con la continuidad necesaria para implementar estrategias a medio y largo plazo.
Otro de los rasgos más característicos de los centros Severo Ochoa consolidados es la evaluación periódica del rendimiento científico interno del centro, incluyendo los departamentos, servicios científicos y grupos de investigación.
Es también muy importante destacar nuestro esfuerzo en la gestión del talento. Gracias al nuevo proyecto Severo Ochoa hemos creado una unidad de gestión científica estratégica que tiene como misión favorecer la captación de recursos internacionales y del sector empresarial por parte de los investigadores/as, y de colaborar con el reclutamiento de nuevo personal.
Asimismo, hemos creado una unidad de formación que ha desarrollado un programa de apoyo al personal investigador predoctoral y también posdoctoral.
La tercera renovación, en 2021, premió la competitividad internacional y la transferencia. ¿Cómo ha impactado económicamente y en visibilidad esa triple acreditación en la atracción de financiación competitiva?
La triple acreditación Severo Ochoa actúa como un sello de calidad institucional reconocido por investigadores jóvenes y consolidados que nos eligen para desarrollar su actividad dentro del sistema nacional, así como por agencias financiadoras nacionales e internacionales.
Por iguales motivos también aumenta nuestra capacidad para liderar proyectos, y no solo participar como socio, lo que incrementa retornos económicos indirectos asociados a la gestión, contratación e infraestructuras y refuerza de manera significativa nuestras actividades de trasferencia. Este efecto se ve reforzado por la existencia de la Unidad de Gestión Científica Estratégica, que facilita y profesionaliza el acceso de los investigadores a grandes convocatorias competitivas.
Desde el punto de vista interno, la estabilidad que aporta la triple acreditación permite la planificación financiera a medio plazo y la realización de inversiones estratégicas en infraestructuras y plataformas.
¿Qué claves les daría a los centros más pequeños para conseguir la distinción?
La clave no es replicar la estructura de los centros consolidados, sino construir un perfil propio de excelencia claro, creíble y evaluable. Para ello deben definir una identidad científica nítida y coherente que contenga un número pequeño de líneas estratégicas, bien definidas (no conviene la dispersión). Hay que apostar por una calidad consistente y verificable, y diseñar un plan estratégico creíble y focalizado, y someterlo a la evaluación del comité científico asesor.
La dotación económica de las distinciones, ¿en qué áreas les han permitido avanzar sus investigaciones y qué resultados han obtenido?
La dotación económica asociada a las distinciones Severo Ochoa ha sido una herramienta clave para avanzar en áreas en las que la financiación competitiva convencional es más limitada. Ello nos permite hacer política científica y apostar por ideas que de otro modo nunca lanzarías. Ha actuado como financiación estratégica y flexible, permitiendo acelerar transformaciones con un impacto claro en los resultados científicos del centro.
Nosotros hemos dedicado recursos de cada acreditación a acciones complementarias, por ejemplo, a reforzar infraestructuras y servicios científicos compartidos, esenciales para el desarrollo de investigación puntera, y a incorporar nueva tecnología y dotarla de personal especializado.
Asimismo, la dotación Severo Ochoa nos ha permitido la estabilización de la gestión administrativa del CNB y apoyar a los jóvenes en etapas críticas de consolidación, evitando la pérdida de talento en periodos de transición y facilitando su progresión hacia el liderazgo de grupos de investigación.
Como institución del CSIC, ¿cómo diseña el CNB programas de doctorado y postdoctorado que preparen a los investigadores para liderar en biología molecular, más allá de la publicación en Nature o PNAS?
Pronto nos dimos cuenta que el CNB debía dotar a nuestros doctorandos y posdoctorales de una visión amplia del liderazgo científico. Para ello, hemos diseñado programas de asesoramiento transversal, complementarios al programa de doctorado, y formación posdoctoral. El objetivo es formar investigadores capaces de dirigir personas, proyectos y definir ideas.
Precisamente con la última acreditación Severo Ochoa hemos lanzado un programa no académico de formación a los jóvenes predoctorales que incluye charlas sobre aspectos de ética y honestidad científica, cómo comunicar los resultados, cómo escribir un trabajo científico y un proyecto, o la igualdad en el mundo científico.
Mirando al futuro, con retos como la edición genética ética, la bioeconomía verde o la IA en biología de sistemas, ¿qué área de la biotecnología molecular cree que debería priorizar el CNB para mantener su liderazgo en la próxima década?
El CNB es un centro marcadamente multidisciplinar y quizás en ello está nuestra fortaleza. Por eso es muy difícil apostar por un área concreta. Hace relativamente poco nuestro centro apostó por la Biología de Sistemas porque pensábamos que el salto conceptual clave del futuro era pasar de una biología fundamentalmente descriptiva a una biología capaz de generar modelos predictivos. Por otro lado, en el CNB siempre se ha apostado por el medioambiente, y en ese sentido sería importante hacer crecer la biotecnología molecular orientada a la sostenibilidad, sin renunciar a la excelencia básica. De igual modo, el CNB apuesta por retos actuales de salud, como la resistencia bacteriana, los virus emergentes, los procesos inflamatorios y sus efectos en salud humana.
Además, las nuevas tecnologías de imagen están experimentando una beneficiosa transformación gracias a la inteligencia artificial, y por ello nuestra apuesta en esas tecnologías nos sitúa en la frontera de la investigación científica futura.
Mabel Loza García, directora del Centro Singular de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS)

El CiMUS acaba de ser reconocido como Unidad de Excelencia María de Maeztu. ¿Qué significa en términos concretos para el centro y qué objetivos se han marcado para no quedarse solo en el sello de calidad?
Nuestro objetivo es consolidar al CiMUS como un hub de medicina traslacional en enfermedades crónicas de referencia a nivel internacional. Para esto, contamos con varias líneas estratégicas que desarrollaremos gracias al reconocimiento de la Agencia Estatal de Investigación: por un lado, seguiremos apoyando la excelencia científica de nuestras investigaciones atrayendo talento senior y emergente, nacional e internacional, asegurándonos de construir un ambiente de investigación vibrante, diverso y de mutua confianza. Por otro lado, queremos reforzar nuestra estructura y capacidad para convertir descubrimientos básicos en soluciones terapéuticas reales, conectándolos con la traslación y la transferencia. Por último, nos gustaría fortalecer y difundir la «marca CiMUS» globalmente.
¿Qué aspectos concretos han llevado al CiMUS a ser centro de excelencia?
La fortaleza de CiMUS reside en su comunidad investigadora, formada por varios grupos de investigación de primer nivel que trabajan para generar conocimiento científico de frontera, en un entorno distendido y una atmósfera de mutua confianza. Ese es un logro extraordinario de nuestro primer director, Carlos Diéguez, que queremos conservar.
En la presentación del CiMUS se insiste en conectar ciencia básica y aplicada en biomedicina. ¿Cuál diría que es hoy el «sello de identidad» del centro frente a otros institutos biomédicos del sistema español?
El sello de identidad del CiMUS es haber consolidado un modelo propio de biomedicina molecular orientada a enfermedades crónicas, donde la ciencia básica de excelencia está conectada con la traslación y la transferencia.
El CiMUS parte del estudio profundo de los mecanismos moleculares, abordando de forma integrada cáncer, enfermedades neurodegenerativas, cardiovasculares y metabólicas, y lo conecta con capacidades propias en cribado de fármacos, nanodelivery, medicina genómica y teragnóstica. Esto permite que el conocimiento generado tenga más viabilidad y potencial de lograr un recorrido exitoso hacia patentes, spin-offs y ensayos clínicos.
Además, el CiMUS actúa con la vocación de ser un nodo de conexión entre la investigación básica, el sistema sanitario, especialmente a través del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago de Compostela (IDIS) y el ecosistema gallego de biotecnología, manteniendo siempre al paciente como centro.
El CiMUS trabaja tanto en mecanismos moleculares de enfermedades crónicas como en el desarrollo de nuevas terapias y medicina de precisión. Si tiene que elegir dos áreas donde espera que el centro haga una contribución transformadora en los próximos diez años, ¿cuáles serían y por qué?
El CiMUS lleva tiempo realizando contribuciones transformadoras: además de los indicadores mencionados, dos empresas promovidas por nuestros IPs figuran entre las más innovadoras del país, tenemos dos fármacos de reposicionamiento listos para entrar en ensayos clínicos para validar las hipótesis relacionadas con dos nuevos mecanismos terapéuticos en cáncer metastásico y en la enfermedad de Parkinson, etc.
El gran reto en cuanto a contribución transformadora es maximizar la conexión con la ciencia española e internacional, para multiplicar este impacto en la conexión investigación/terapéutica y compartir también redes de infraestructuras e IA en la frontera del conocimiento: porque nos permitiría escalar y multiplicar, colaborativa y sinérgicamente, las contribuciones mencionadas. Que el CiMUS esté integrado en SOMMa es clave para lograrlo.
¿Qué indicadores concretos (patentes, contratos, spin offs) muestran mejor el impacto que han tenido las colaboraciones público privadas del CiMUS en la transferencia de resultados?
Por ejemplo, en los últimos cinco años se han licenciado siete patentes desarrolladas en el centro, existen nueve spin-offs activas surgidas de resultados de investigación del CiMUS. Además, el centro mantiene múltiples colaboraciones público-privadas con empresas biotecnológicas y farmacéuticas, tanto nacionales como internacionales, a través de contratos y proyectos de I+D que han permitido avanzar resultados desde la investigación preclínica hacia fases de validación avanzada. Me gustaría resaltar que llevamos hasta ensayos clínicos, en una colaboración público-privada, el primer fármaco oral producido en España para el tratamiento etiológico de la Covid-19.
Ha sido reconocida como «Gallega del año» y hoy ocupa puestos de responsabilidad en la Real Academia de Farmacia de Galicia. Desde esa doble mirada, científica e «institucional», ¿qué le pediría al sistema político para que centros como el CiMUS puedan competir al nivel de los grandes polos biomédicos europeos?
Este es para mí el objetivo: competir colaborando con los grandes polos biomédicos europeos. Para lograrlo, necesitamos ampliar nuestros recursos, atrayendo inversión privada e internacional. Y esto requiere confianza y estabilidad. Por eso, yo le pediría al sistema político que haya un consenso de una política, sostenida en el tiempo, de apoyo decidido al liderazgo científico de nuestros centros.
Luis Serrano, director del Centro de Regulación Genómica (CRG)

El CRG ha renovado el sello Severo Ochoa cuatro veces desde la primera convocatoria en 2008 (2012, 2017 y 2021), ¿qué beneficios clave ha aportado esta distinción continua en competitividad internacional y recursos para proyectos de alto riesgo en regulación génica?
Nos ha permitido fortalecer nuestras actividades en formación, comunicación, obtención de financiación internacional y transferencia de tecnología, y nos ha ayudado a definir planes estratégicos cada cuatro años. Todo ello ha servido para reforzar la visibilidad y el prestigio internacional del CRG, que ahora mismo es un centro reconocido a nivel mundial.
Mantener la excelencia Severo Ochoa durante 17 años exige evaluaciones rigurosas. ¿Qué estrategias de gestión ha implementado el CRG para sostener ese nivel y qué lecciones ha aprendido de las renovaciones sucesivas?
El CRG tiene evaluaciones cada cuatro años, por un panel internacional y un miembro del Comité Científico Asesor (SAB, por sus siglas en inglés Scientific Advisory Board), de cada uno de sus programas de investigación (cuatro), de sus servicios científico-técnicos y de su administración. Cada uno de ellos se evalúa en un periodo diferente. Además de eso, el centro y el director se evalúan cada cinco años. Las evaluaciones negativas tienen como consecuencia la terminación del contrato con el CRG en un plazo determinado. Evaluar es importante porque obliga a los investigadores y a los miembros de la administración a analizar lo que han hecho en los últimos cuatro años y plantearse los retos del siguiente cuatrienio. El CRG ha sido el primer centro europeo en implementar una evaluación de administración por un panel internacional siguiendo las normas de los grupos de investigación.
Algunos investigadores participan en un consorcio internacional para estudiar mecanismos fundamentales de una enfermedad. ¿Qué rol juega el CRG en estos grandes consorcios y cómo financian colaboraciones transfronterizas más allá del Severo Ochoa?
Tenemos una oficina denominada Scientific and Strategic Affairs (SaF) que identifica oportunidades de financiación y busca a los investigadores del centro que puedan liderarlas. El CRG es el primer centro español en biomedicina por financiación europea en los últimos cuatros años.
Jordi Arberch, director del Instituto de Neurociencias de la Universidad de Barcelona (UBneuro)

El instituto ha sido reconocido dos veces como Unidad de Excelencia María de Maeztu. ¿Qué cambió realmente en el día a día del centro entre la primera y la segunda acreditación, más allá de los recursos adicionales? ¿Dónde cree que estuvo la clave para obtener la distinción en dos convocatorias?
La acreditación María de Maeztu es una gran oportunidad de mejora cualitativa para los centros de investigación, no solo por la dotación económica, sino también por la visibilidad y reconocimiento. Las acciones que hemos realizado han sido principalmente de promoción y apoyo a nuestros investigadores para mejorar la captación de recursos económicos en convocatorias competitivas y fundaciones estatales e internacionales.
También, con la acreditación hemos podido crear un entorno científico de prestigio que ha permitido incorporar nuevos investigadores principales y aumentar la atracción de talento tanto a nivel de investigadores predoctorales y posdoctorales.
La segunda acreditación ha sido muy importante para consolidar y reforzar las acciones realizadas en la primera etapa.
Esta distinción reconoce competitividad internacional, planes estratégicos sólidos y gran capacidad de atraer talento. ¿Qué indicadores concretos vigila usted para asegurarse de que UBneuro siga siendo un polo de referencia?
Los principales indicadores son la productividad científica en revistas de alto impacto internacional y el éxito en convocatorias de proyectos estatales e internacionales. Obtener una buena financiación permite atraer talento y participar en consorcios internacionales. Además, una parte importante en nuestro instituto es la transferencia del conocimiento y la innovación. El desarrollo y creación de nuevos datos científicos y tecnológicos deben transferirse a la sociedad. Por ello, un indicador relevante es la interacción público-privada considerando los contratos con empresas, patentes y creación de spin-offs.
UBneuro reúne cerca de 450 investigadores de áreas que van de la neurobiología básica a la psiquiatría y la psicología clínica. ¿Qué aporta esta diversidad disciplinar que no podría lograrse con grupos más homogéneos?
La investigación del cerebro es uno de los retos científicos más apasionantes y complejos. Actualmente se está produciendo una revolución en la investigación en neurociencias debido al desarrollo de nuevas neurotecnologías que nos permiten hacer abordajes dentro del sistema nervioso que anteriormente eran inalcanzables. Esto ha provocado un cambio en las estrategias y los diseños experimentales en neurociencias hacia una investigación inter- y multidisciplinar con la participación, no solo de médicos, psicólogos o biólogos, si no también físicos, ingenieros, matemáticos o investigadores computacionales.
UBNeuro se ha adaptado perfectamente a esta nueva «era», hacia una investigación multidisciplinar. Además, las características del instituto nos permiten hacer una investigación traslacional dirigida hacia el paciente con enfermedades neurológicas y psiquiátricas con un fuerte impacto económico y social en nuestra sociedad.
Usted dirige el Institut de Neurociències desde 2017 y, al mismo tiempo, lidera grupos en IDIBAPS y CIBERNED, además de haber tenido responsabilidades de gobierno en la propia UB. ¿Qué ha aprendido sobre cómo dirigir un instituto complejo sin perder el foco científico?
La dirección de un instituto de investigación se basa en el foco científico con retos biomédicos, en nuestro caso. La participación en varias instituciones complementarias abre muchas puertas para realizar investigaciones multidisciplinares y traslacionales, que es el futuro de la ciencia en el siglo XXI.
La Universidad de Barcelona (UB) es generalista e intensiva en investigación. Haber participado en los órganos de gobierno de la universidad me ha permitido tener una visión muy amplia de muchas disciplinas científicas. El liderar grupos en CIBERNED y en IDIBAPS me permite estar en la élite de la investigación biomédica y realizar sinergias con un enfoque claramente traslacional.
UBneuro ha demostrado una notable capacidad para atraer becas de doctorado competitivas. ¿Qué tipo de perfil científico y humano busca el instituto cuando selecciona a sus jóvenes investigadores?
Motivación. El perfil científico y humano que buscamos es de jóvenes investigadores motivados para descubrir cómo funciona el cerebro y cómo podemos encontrar tratamientos para patologías tan devastadoras como las enfermedades neurológicas y psiquiátricas. Para ello, es muy importante que UBneuro crea un buen ecosistema para que los investigadores jóvenes puedan estar motivados y puedan desarrollar su creatividad. La proximidad con la realidad médica que hay en UBneuro, con investigadores clínicos, participación en actividades de asociaciones de pacientes y la utilización de muestras humanas, hace que sientan la utilidad de sus investigaciones para mejorar la calidad de vida de nuestra sociedad.
Ha estado implicado en iniciativas de transferencia y en la creación de una spin off biotecnológica. ¿Qué modelo de relación con la industria y el sistema sanitario cree que debería consolidarse para que los avances en neurociencia lleguen antes al paciente?
La transferencia de conocimiento y la biotecnología son una prioridad para UBneuro. Personalmente, en el 2015 fui cofundador de la spin-off de la Universidad de Barcelona BeCytes Biotechnologies. Esta empresa obtenía y distribuía células y tejidos humanos para estudios in vitro a compañías farmacéuticas o centros de investigación en Europa y otras partes del mundo. En octubre de 2025, esta empresa fue comprada por una gran empresa americana, siendo un éxito de una empresa universitaria. Desgraciadamente, esto no es muy habitual. Desde UBneuro estamos priorizando acciones para facilitar y potenciar que los investigadores puedan desarrollar colaboraciones con la industria.
Isabel Allona Alberich, directora del Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas (CBGP)

El CBGP ha recibido dos acreditaciones consecutivas como Centro de Excelencia Severo Ochoa (2017 y la renovación en 2022-2025). ¿Qué beneficios concretos ha traído esta distinción en términos de financiación, infraestructuras mejoradas y proyectos ambiciosos, y cómo planean mantener el nivel para futuras renovaciones?
Ha permitido fomentar la colaboración entre diversos grupos del centro que pertenecen a distintas áreas de investigación, facilitando el abordaje de proyectos más ambiciosos que no pueden ser abordados por grupos individuales. También se han mejorado infraestructuras, que nos han proporcionado nuevas capacidades. Con todo ello hemos sentado las bases para abordar problemas biológicos con mayor grado de complejidad mediante aproximaciones de biología integrativa.
Con catorce contratos predoctorales gracias al sello Severo Ochoa y seminarios de expertos, ¿qué estrategias usa el CBGP para atraer y retener talento internacional en biotecnología de plantas, especialmente en áreas emergentes como biología sintética?
Utilizamos nuestras redes de colaboradores en centros de prestigio internacional para identificar investigadores jóvenes prometedores, con interés por unirse a un centro dinámico y que proporciona oportunidades, facilitando la integración de estos investigadores mediante condiciones atractivas para el establecimiento de esos grupos.
¿Cómo fomenta el centro la movilidad posdoctoral y la diversidad de género para que investigadores jóvenes se queden en España?
El programa Severo Ochoa nos ha permitido atraer a veinte posdoctorales que han participado en los proyectos colaborativos lanzados durante el sello de excelencia. En todos los casos, así como en los contratos predoctorales, se ha favorecido la participación en los procesos de selección de personal con independencia del género. Recientemente, en el CBGP se han consolidado varios grupos emergentes, la mayoría de los cuales estaban liderados por investigadoras, mejorando el balance de género a todos los niveles en el CBGP.
Más allá del Severo Ochoa, ¿qué peso tienen las colaboraciones público-privadas (agrobiológicos, biofertilizantes) y los proyectos europeos en la financiación del CBGP y cómo equilibran ciencia básica con transferencia aplicada?
Un gran peso ya es que el CBGP dispone de Unidades de Investigación Conjunta que facilita la colaboración con empresas y el centro. Además, se ha favorecido la creación de empresas spin-off. Estamos preparando un encuentro CBGP-empresas, coordinado por BIOVEGEN, que esperamos incremente las relaciones entre grupos del CBGP y las empresas del sector. De esta manera, los conocimientos científicos básicos generados en el centro podrán servir para buscar soluciones a los retos del sector agroalimentario.
Frente a recortes presupuestarios en I+D+i, ¿qué vías alternativas de financiación (patentes, spin-offs, fundaciones…) está explorando el centro para diversificar sus ingresos?
Animamos a los investigadores del centro a acudir a programas europeos de financiación en los que hemos tenido un éxito considerable (ejemplos de ERC y programas marco), así como fuentes de financiación privadas (Fundación Gates, que aborda problemas sociales a nivel global). Hemos incorporado recientemente un responsable de proyectos de excelencia e internacionales que ayuda a nuestros investigadores a identificar oportunidades de financiación alternativas a las nacionales. Hemos promovido también programas de colaboración internacional mediante el acuerdo con centros internacionales de excelencia (CEPEI, CEPLAS).
Como centro mixto UPM-INIA/CSIC, ¿qué tensiones surgen en la coordinación administrativa diaria entre universidad y organismo público y cómo las resuelven?
La comunicación entre las instituciones que promovieron la creación del CBGP han sido siempre y siguen siendo muy fluidas. La dirección del centro favorece esta colaboración institucional, manteniendo un contacto permanente con ambas instituciones promoviendo un diálogo constante en la toma de decisiones que afectan a la estrategia científica del CBGP. En el funcionamiento diario, las instituciones responden a nuestros llamamientos con implicación y apoyo al centro.
Juana Gallar, directora del Instituto de Neurociencias de Alicante (IN)

El Instituto de Neurociencias de Alicante (IN) ha mantenido el sello de excelencia Severo Ochoa desde 2014 con renovaciones consecutivas. ¿Qué mejoras concretas han implementado en su trabajo investigador gracias a esta distinción y su financiación?
La distinción Severo Ochoa ha sido un verdadero catalizador para el IN. Nos ha permitido dar el salto de ser un conjunto de grupos excelentes a convertirnos en una infraestructura científica integrada, articulada en torno a programas científicos bien definidos. Además, ha reforzado un rasgo que forma parte del ADN del instituto desde su creación: la apuesta por infraestructuras avanzadas de uso común.
En la práctica, esto se ha traducido en varias mejoras clave. En primer lugar, la consolidación de unidades de servicio de vanguardia, como -ómicas, microscopía de alta resolución, resonancia magnética o bioinformática. Son plataformas con equipamiento de última generación que ningún grupo podría mantener por sí solo, pero que ahora están al servicio de toda la comunidad investigadora del IN.
En segundo lugar, la financiación asociada al sello ha permitido atraer nuevo liderazgo científico, mediante convocatorias internacionales para incorporar investigadores jóvenes como Junior Group Leaders, ofreciéndoles paquetes de inicio altamente competitivos.
Otro impacto fundamental ha sido la internacionalización. El sello Severo Ochoa ha facilitado la puesta en marcha de programas de atracción de talento internacional en el máster y el doctorado en neurociencias, así como la firma de convenios con instituciones de referencia mundial, elevando notablemente el estándar de formación en el IN.
Por último, la distinción nos ha permitido reforzar la comunicación y la relación con la ciudadanía, profesionalizando la divulgación científica mediante una Oficina de Comunicación.
Lograr renovaciones anuales del Severo Ochoa exige excelencia sostenida. ¿Cuáles son las claves de gestión y científicas del IN para conseguirlo año tras año, frente a la competencia nacional?
La capacidad del IN para renovar el sello Severo Ochoa de forma sostenida se apoya en una sólida combinación de excelencia científica y gestión orientada al impacto, siempre con una mirada internacional.
Uno de los pilares fundamentales es la evaluación externa e independiente. Contamos con un Comité Científico Asesor (SAB, por sus siglas en inglés Scientific Advisory Board) formado por investigadores de máximo prestigio internacional que revisan periódicamente nuestra estrategia científica, nuestras prioridades y nuestros resultados.
Otra clave es la apuesta decidida por la sinergia disciplinar. En el IN fomentamos activamente una cultura de colaboración entre grupos y áreas que, a priori, podrían parecer alejadas.
Por último, destaca nuestra agilidad estratégica. Hemos demostrado una capacidad real para identificar e integrar áreas emergentes de forma temprana, como la optogenética o la aplicación de la inteligencia artificial a la conectómica y al análisis de circuitos neuronales.
El objetivo del IN es conectar conocimiento fundamental del SNC con tratamientos para trastornos neuropsiquiátricos. ¿Qué avances preclínicos en FASD o enfermedades neurodegenerativas están más cerca de ensayos clínicos?
El IN tiene como objetivo contribuir a cerrar el denominado «valle de la muerte» entre la investigación básica y su aplicación clínica. Para ello, hemos puesto en marcha IN.Pulse, una unidad específica de apoyo a la traslación del conocimiento, financiada mediante convocatorias competitivas de IVACE (Generalitat Valenciana), que nos permite identificar y acompañar aquellos resultados con verdadero potencial traslacional.
Aunque el IN es un centro enfocado fundamentalmente en la creación de conocimiento, parte de nuestros hallazgos puede considerarse innovación tecnológica transferible al ámbito clínico, social o empresarial, en algunos casos incluso mediante la creación de empresas spin-off.
En el ámbito del trastorno del espectro alcohólico fetal (FASD, por sus siglas en inglés), hemos identificado biomarcadores epigenéticos en modelos murinos que permiten un diagnóstico temprano y no invasivo, clave para facilitar intervenciones precoces que mitiguen el daño neurológico.
En cuanto a las enfermedades neurodegenerativas, destacan los avances en estrategias de terapia génica orientadas a modular la respuesta inflamatoria cerebral, especialmente la de la microglía, en patologías como el Alzheimer o la ELA.
Como centro mixto CSIC-UMH, ¿qué perfil de investigadores (neurobiólogos, genetistas, bioinformáticos) busca el IN y cómo retiene talento ante ofertas europeas?
Como centro mixto CSIC-UMH buscamos perfiles interdisciplinares e híbridos: neurobiólogos experimentales que combinen su expertise con habilidades avanzadas en computación, física o matemáticas, capaces de analizar grandes volúmenes de datos. Hoy en día, el análisis de datos masivos es tan crucial como la precisión en los experimentos de laboratorio.
En cuanto a la retención de talento, somos muy conscientes de que competir en salarios con Europa es difícil, por lo que ofrecemos calidad de vida científica: un ecosistema de alta especialización, autonomía investigadora y acceso a infraestructuras críticas a un coste muy competitivo.
Por Lola Delgado
